8M: ¿Nuevas vírgenes juradas?

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Por: Araceli Velázquez Ramírez

En la actualidad tenemos una segunda pandemia de alto impacto, la de la violencia contra las mujeres, por ello es fundamental recordar fechas como el 8 de marzo, que permita visibilizar la lucha de las mujeres, sus causas y sus derechos; para ellos comparto con ustedes este tema:  Vírgenes Juramentadas.

Cuando tuve por primera vez noción de esta tradición me sentí un poco confundida, no podía concebir cómo en alguna parte del mundo había mujeres que tenían que asumirse como hombres ante la sociedad para poder hacer frente a los problemas de su familia. Más complejo aún, que tenían que modificar su vida, para masculinizar su persona.

Vírgenes juramentadas, tradición de una región de Albania, pequeño país ubicado al sur de Europa. La tradición marca que cuando el único hombre del núcleo familiar muere, una mujer debe tomar el rol de hombre. Ella debe jurar mantenerse virgen. A partir de ese momento deberá actuar como hombre siendo enteramente responsable del destino de su familia, pudiendo disfrutar de las ventajas del nuevo papel; fumar, opinar, cargar un arma. Pero jamás podrá casarse ni dejar el rol prometido, su vida estará dedicada a cuidar y proteger a su familia.

En este lado del mundo, las cosas no son muy diferentes, si nos detenemos un instante a revisar cómo funcionan los cánones sociales, los roles de poder de nuestra sociedad y los estereotipos de género.

De algún modo nos volvemos juramentadas a un hombre o peor juramentamos cumplir sus expectativas y las demandas sociales que nos son impuestos.

Con esta reflexión, el propósito es entender que en la existencia humana cohabita una dualidad en cada ser, esta dualidad es la feminidad y la masculinidad.

Es la que permite la conexión entre géneros, el desarrollo del arte, la ciencia y la espiritualidad.

Cuando la persona encuentra plenitud en su existencia y su centro, se convierte en un ser empático e igualitario y libre de imposiciones sociales, todo ello a través del proceso de deconstrucción libre de prejuicios.

Para ejemplificar: ¿cómo imaginamos a una persona con poder?, ¿A qué género pertenece?, ¿Cómo viste? ¿Usa el cabello corto? ¿Cómo se conduce? ¿Qué imagen proyecta? En la concepción social estas respuestas marcarían claramente una figura más apegada a los actuales cánones de masculinidad hegemónica.

Es entonces que aquella extraña tradición albanesa dejó de ser tan rara. Aquí existen también una especie de vírgenes juramentadas, porque cualquier mujer que desafía el rol social tradicional que le tocó, y busca liderar una acción, organización o su propia existencia, tendrá que masculinizarse para lograr encajar en el rol que desea desempeñar, de lo contrario será excluida, marginada y violentada.

¿Esto es justo? Lo cierto es que una persona que desea ser líder no debería tener que adoptar un estereotipo de género, el liderazgo no se mide en una creencia popular. Al contrario, una persona líder marca un rumbo aun en contra de la concepción aplaudida. Una mujer que desea tener autoridad no debería vestir de cierta forma, ni usar el cabello corto porque la hace ver más ejecutiva o tener actitudes más autoritarias para proyectar que es apta para el liderazgo político, social, empresarial o familiar.

En nuestra realidad cotidiana, en el momento que nacemos tenemos marcado un catálogo de comportamientos que cumplir y este viene acompañado de instrucciones claras que se le han asignado a ese rol tradicional y si en algún momento alguno de los dos géneros transgrede esos límites quedará expuesto a las más grandes críticas sociales, porque no cumple con lo que la sociedad espera, he ahí el origen de feminicidios y muertes violentas de mujeres.

Pensemos hoy en las niñas y niños que serán hombres y mujeres del futuro, si crecen libres de pensamientos machistas, natural será para ellos ver una mujer empresaria, policía, jefa de familia, mecánica, política o líder religiosa.

Debe ser nuestra misión dejarles la más amplia visión de pensamiento. Solo así la violencia de género que hoy nos aqueja, podrá ver su fin; no hay roles que cumplir, no hay posesiones de estereotipos de género, solo la libertad de coexistencia.

Somos constructoras y constructores de nuestra ciudadanía, hoy desafortunadamente vemos que atravesamos una crisis. El manual de vida que nos dieron ya es añejo e injusto para nuestro género, si juntas en libertad de pensamiento reescribimos las reglas y proponemos una comunidad consciente, empática, igualitaria y libre, como arquitectas y arquitectos sociales que somos, construiremos una humanidad digna con la mayor aceptación de la persona y si hemos de juramentar, que sea para vivir plenamente, libres  e iguales, en el ejercicio de nuestros derechos, sin atavismos ni ideas preconcebidas con una visión y acción que mueva a fortalecer la excelencia entre las personas, alejándonos de la violencia y la discriminación, para buscar, solidariamente, el bien común.

Juramentemos, ¡Sí¡, nuestra existencia como mujeres para que en esta nueva forma de vida alcancemos una concepción social humanamente digna.