¿BENDECIR LA PANDEMIA? VIBRAR EN AMOR: PAZ, ARMONÍA, CONFIANZA.

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Mtra. Nuria de Montserrat Jaramillo Mejía. Psicóloga.

Queridísimos todos: Es un gusto platicarles que estos tempos de pandemia, la gran lección para aprender como humanidad ha sido esta simple cuestión del amor.

Sí, señoras y señores: el amor como la emoción básica con la que todos los seres vivos de la creación venimos dotados y que, específicamente los humanos, la hemos convertido en un sentimiento y por tanto una elección para nuestra vida.

Bien, tengo tanto que contarles al respecto, que siento que mis ideas se atropellan torpemente.

Lo primero que diré es que desde la biología el amor es una reacción química tanto hormonal como a nivel del sistema nervioso central, que nos hace permanecer “drogados” durante la fase del enamoramiento.

Y esto sólo si nos centráramos a hablar del tipo de amor que se da entre las parejas; porque existen muchos tipos de amor.

Lo que sí diré es que el amor es algo que a todos los seres humanos nos inspira y nos motiva, pero también puede causarnos mucho sufrimiento cuando no es correspondido.

Bien, el amor entonces como descarga energéticamente genera una vibración, la cual está considerada como la frecuencia más alta de la energía.

Cuando podemos vivir vibrando en la frecuencia del amor podemos expresar las cualidades divinas del gozo, la paz, la generosidad, la compasión, el perdón, la tolerancia y la gratitud, las cuales nos llenan de poder y podemos vivir una vida de abundancia.

La vibración del amor nos eleva a un estado más alto de conciencia y nos libera de pensamientos, sentimientos negativos: quedamos libres de toda emoción negativa y pensamiento limitado, comenzamos a irradiar, paz, armonía y confianza.

Vivir en la vibración del amor significa mantener a nuestro ego y la personalidad bajo control en lo que se refiere a nuestras relaciones con gente y circunstancias.

Porque vibrar en amor significa entender que los otros vienen siempre a enseñarnos algo y depende de nosotros como es que queremos aprender esa lección.

El otro día leía que los científicos han logrado medir por primera vez la frecuencia de resonancia de una sola bacteria mediante dispositivos opto mecánicos (que miden luz y movimiento), observando que vibran cientos de millones de veces por segundo.

El portal mexicano de verificación Animal Político conversó con la ingeniera en Biotecnología Yael Suárez y el ingeniero en Telecomunicaciones y Sistemas Electrónicos Fernando Cossío, la frecuencia que debe ser usada en la desactivación del virus COVID-19 (causante de esta pandemia, y por tanto del confinamiento que nos genera estrés) es de 582.000 Hz.

Dice un buen amigo mío, quien por cierto es músico y amante, partidario de temas muy metafísicos, Javi Torres: “Si cuestionáramos nuestro proceder analíticamente, nos daríamos cuenta que por diversos medios nos penetran la idea de que el amor no existe, que la felicidad solo son instantes, que el individualismo es lo mejor porque no tienes                que  soportar a nadie,  que te realizas como persona tomando tus propias decisiones y, además, se ha creado toda  una lista interminable de pedimentos para  poder  tener ‘un amor perfecto’…  haciendo que busquemos cuerpos y no complicidades.”  

Si fuéramos más lúcidos y menos manipulables, la situación de dolor a nivel mundial     sería distinta, si nos                moviéramos con menos ficción y siendo más empáticos análogamente, la realidad sería muy distante al cúmulo                de tristeza y de incertidumbre que        vivimos como   humanidad en esta contemporaneidad.

No se necesita ser un experto para darse cuenta de que el amor es la única medicina y respuesta que hay para cualquier adversidad y toda dubitación que nos encontremos en el andar.

Si amáramos sin titubeos, sin individualismos y siendo conscientes de los resultados, tendríamos una vida plena.

Amarnos entre nosotros significaría abrazar (por lo menos energéticamente) a quien sea sin clasismos, a aceptarnos con todas nuestras imperfecciones sin justificar nuestras manipulaciones.  

La pandemia ha sido un parteaguas  (a pesar del escepticismo de muchos) en el que el amor sí que ha sido el principal actor frente a un virus tan aplastante, una  enfermedad en que su procedencia nos recuerda día tras día que todo lo que nesitamos es amor.

Por esto te comparto la siguiente parábola budista respecto al coronavirus, la cual la escuché en la radio:

Discípulo: Maestro, me cuesta tanto comprender que el Padre nos haya mandado un virus tan agresivo. ¿Cuál es el propósito?

Maestro: El Padre no lo mandó. Lo permite, que es diferente. La pandemia la generó el hombre a través de la violación constante de las leyes universales.

Discípulo: Pero algo tan malo va a generar mucha destrucción.

Maestro: El coronavirus no es malo. Tampoco es bueno. Es necesario, que es diferente. No existe nada malo para el universo. Si el coronavirus está presente es porque está permitido por la Divinidad, o no podría existir. La idea del bien y el mal se genera en tu mente que juzga desde su archivo de ignorancia un suceso que en sí es neutro.

Discípulo: Pero son tantas las personas que se están contagiando en el mundo, o se van a quedar sin tener ni qué comer. Tanto niños, ancianos, hombres y mujeres. Es muy injusto.

Maestro: Lo injusto no existe dentro del amor universal. Eso existe solo en tu mente que no comprende el propósito que hay en lo profundo.

Lo que sí existe es lo justo, lo preciso, lo exacto, lo correspondiente. Existe un proceso evolutivo necesario que consiste en una toma constante de información. Un ir aprendiendo a través de enfrentar las dificultades que la vida nos presenta, para que, en medio del caos y del sufrimiento que se genera, descubramos el principio del amor que se encuentra en la vida misma. Y éste principio de amor es el que nos irá liberando de las limitaciones humanas, y nos hará correspondientes con experiencias de mucha más satisfacción y armonía.

Tienes que comprender que a nadie le sucede una experiencia que no le corresponda. Y si le corresponde la vivirá, aun cuando luche o se resista. El coronavirus no es malo. Es muy bueno, ya que de él están aprendiendo muchísimas personas. Se está elevando el nivel de conciencia del planeta, al vernos en la necesidad de desarrollar grandes herramientas de amor como son la aceptación, la valoración y la adaptación. La paciencia, la tolerancia, y el respeto.

Podrá ser una prueba difícil, pero mala no es. Tú estás creciendo gracias a ella. Si dejas de ver el coronavirus desde tus miedos y empiezas a verlo desde tu comprensión podrás reconocer el valor que hay en él. Así podrás pasar esta prueba que la vida te está presentando.

La decisión está en ti, y para eso la vida te dio un libre albedrío.

Se te concedió la facultad de tomar decisiones, y estas serán respetadas por el universo completo. Puedes darle la opción al miedo, al orgullo y al ego.

O puedes dárselas al amor. La decisión es tuya. ¡Está en ti!

¿Qué decisión estás tomando? ¿Optaste por el miedo, o por el amor?

La decisión es tuya, pero tendrá un resultado, que también es tuyo, y tendrás que asumir.

Si te decidiste por el miedo, generarás destrucción en tu paz, en tu energía vital, en tus relaciones y en tu salud.

Si te decidiste por el amor pasarás la prueba que la vida te está presentando, y ya no necesitarás volver a sufrir más.

Dale la opción al amor. El camino siempre es el amor.

Discípulo: ¿Y qué es darle la opción al amor?

Maestro:

–Conviértete en un ser imperturbable: invulnerable. Trabaja en ti para que la paz y tu felicidad no dependan de lo externo.

– Deja de ver problemas y empieza a ver oportunidad que puedes aprovechar para hacer un crecimiento interior.

– Desarrolla la aceptación. “Todo lo que sucede es perfecto, y si existe y sucede es porque tiene un propósito”. “Padre, que se haga tu voluntad y no la mía”. “Muéstrame cómo te puedo servir mejor”

– Aprende a fluir y a adaptarte. Actúa con sabiduría en lugar de reaccionar desde el miedo.

– Vigila tu pensamiento para que solo vibre en la frecuencia del amor. Esto te llevará a tener claridad en la mente.

– No compartas tus miedos con los demás. Comparte solamente tu entusiasmo y alegría.

– Vigila tu verbo.

– Que tu palabra genere armonía, y haga sentir confiados y seguros a los demás.

Las dificultades no se solucionan luchando contra ellas. Hazte amigo del coronavirus. No lo veas como algo malo, sino como algo necesario.

Y háblale: “tú me estas enseñando”. “Eres valioso para mí y estoy dispuesto a aprender lo que me puedas enseñar”.

“En cuanto aprenda te puedes ir porque ya no te necesitaré”. Aprovecha la oportunidad que en este momento la vida te está presentando para hacer un trabajo interior”.