Guía del Godín

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Recién me levanto y alisto para la entrevista. Llevo todo en orden, no me había visto tan pulcro. Dejo mi portafolio junto a mi Currículum y me encuentro en espera de una respuesta; soy contratado…

Es el primer día y ya tengo los pendientes del mes, llevo 2 cafés y no es medio día, ocasionalmente me levanto para relajar la postura encorvada y respiro observando a mis compañeras y compañeros, imaginando quién sería mi nuevo cómplice.

El tiempo vuelva y los pendientes se estancan, porque falla el sistema, porque desconozco los atajos para ahorrarme tiempo; definitivamente debo demostrar que puedo hacerlo, debo adaptarme; afortunadamente tenemos tecnología.

Con el tiempo me integran, observo cómo se desenvuelven y desempeñan sus actividades, adquiero habilidades que a ellos los caracteriza, supe que formaba parte de su tribu cuando una mañana llegué con el símbolo que nos caracteriza.

Una lonchera con tuppers llenos de comida y automáticamente entré en el clan godín. Desde ese entonces, llego a la oficina con café o té dentro de un termo, poco a poco he personalizado mi espacio con artículos de papelería.

Ocasionalmente nos comunicamos a través de un chat, para ponernos al corriente con cuestiones de la empresa, incluso podemos apoyarnos, lo agradable es cuando organizamos una tanta, alguna salida o un cumpleaños.

Al terminar la jornada, tomo el transporte y voy directo a casa. Llego a aligerar mis responsabilidades laborales para determinar si existe algún pendiente que atender en el hogar.

Eventualmente organizo mis herramientas para el día siguiente, disfruto la noche con algún programa televisivo o un libro olvidado, antes de recostarme pienso constantemente en las posibilidades que me olvide de algo, me miro al espejo y mi reflejo me demuestra que me he convertido en godín.