LA CRIANZA EN LOS TIEMPOS DE LA PANDEMIA

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“La crianza es un proceso que prepara a tu hijo para la independencia”

“Firme pero amable”

“Tu estilo de crianza definirá la personalidad de tu hijo”

“Un niño, observa aprende y repite”

El encierro que vivimos actualmente ha hecho que sea difícil mantener un estado de calma en las familias. Pero es importante ayudar a los niños a sentirse seguros, mantener rutinas saludables, controlar su comportamiento y fomentar resiliencia.

Sabemos que, cuando se trata de criar a un hijo, los padres se enfrentan al dilema de cuánta disciplina es necesaria y cuándo esta se puede volver excesiva y, como consecuencia, contraproducente.

La empatía y la autorregulación emocional se tornan recursos indispensables, para que los padres puedan mantener un vínculo emocional con sus hijos y que este período sea más llevadero con amabilidad y firmeza, logrando una buena crianza emocional.

Te describo tres estilos de crianza, que pueden aplicarse a tus hijos, dependiendo-desde luego- de cada personalidad y de cada circunstancia:

Por un lado, tenemos la rigidez. De acuerdo a este estilo, es el adulto el que manda y el niño no participa en el proceso de las decisiones.

«Estas son las reglas y yo soy el que manda», es la frase que mejor lo ejemplifica.

En el otro polo se encuentra el enfoque permisivo, que insiste en que no hay reglas ni límites y defiende que el niño esté a cargo o sea más libre; demasiada flexibilidad con el niño. La frase típica: “déjalo, es niño”. Niños así crecerán consentidos y mimados, con conductas maleducadas.

Pero también existe otro modelo, el punto intermedio entre ambos: “la crianza positiva o democrática”

Aquí no entra ni se utiliza el castigo, ni la permisividad, en este modelo el niño tiene cierto grado de autonomía y participa en la toma de algunas decisiones, siempre teniendo en cuenta qué es lo adecuado para su edad y cuál es el contexto familiar.

En este enfoque, el adulto sigue siendo el responsable, pero en su trato hacia el menor hay más comunicación, respeto y aprecio.  Por lo tanto, el niño aprenderá a valerse por sí mismo y a pensar en las consecuencias de su comportamiento.

Estos estilos de crianza son muy importantes, porque definen la forma en que los padres interactúan con sus hijos, son la base de su desarrollo emocional, y por lo tanto de su bienestar actual y futuro.

Es importante para los padres que buscan esta vía intermedia de educar a sus hijos que entiendan que el mal comportamiento de un niño, berrinche o similar, es una forma de comunicación para estos.

La mayoría de las veces, no es personal; es decir, el niño no lo hace para molestar al adulto, sino porque no tiene otros recursos emocionales en ese momento.

El primer punto es mirarnos a nosotros mismos: no son tiempos fáciles, el humor, el fastidio está a flor de piel, para tratar de comprender qué puede haber causado estrés al niño.

¿Podría ser el sueño, el cansancio, el hambre, el nerviosismo, la inseguridad o el encierro?

Los padres del presente no debemos ser carceleros amables de nuestros hijos»

«Tienes que decir que no con firmeza y amabilidad, pero también validar el sentimiento del niño» escucharlo, y decirle que comprendes su enojo.”

Así, te recomendamos:

Sé flexible para adaptar tu estilo de crianza.

Aprende a regular tus emociones (inteligencia emocional).

Reconoce las buenas acciones del niño para estimular la autoestima de tu hijo.

Establece límites y sé coherente con la disciplina.

Practica actividades recreativas con ellos (tiempo para tus hijos).

Haz de la comunicación asertiva una prioridad (escucha y fomenta la plática con ellos), evita gritar.

Demuestra que tu amor es incondicional.

Es importante y conveniente cuando estés ante un berrinche o dificultad con tu hijo, revisar con el niño lo que sucedió y deja la llamada de atención para después. 

Es importante corregir el comportamiento, pero no señalar al niño como malo…enfócate en la conducta.

La clave está en decir “Todo con firmeza, generosidad y cariño”. Cuidar el tono voz, ya que ayudarás al niño a calmarse y el aprenderá a escucharte.

Porque necesitamos ser adultos emocionalmente equilibrados para que la generación futura sea de personas más equilibradas.