¡Me he convertido en la señora de las plantas!

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Hace algún tiempo, me consideraba una persona enérgica capaz de soportar desvelos, el colegio, mi vida social y las actividades recreativas; quedarme en casa no era mi primera opción.

Veía este estilo de vida dentro de mi contexto por muchos años, me mantenía firmen como un roble y no pasaba por mi mente limitar ciertas actividades y comenzar con hábitos mucho más tranquilos.

Pero comencé a independizarme, un nuevo trabajo, vivir lejos de casa, sin que mi madre me atienda. Y con ello comencé a convertirme poco a poco en ella, las compras se volvían un martirio.

Cualquier cosa que hubiera podido comprar a cargo de mi madre, hoy me hace decir: «qué bárbaro, en tan poquito se va mucho dinero», incluso en ocasiones al ver algún local de comida rápida lo primero que pienso es «en casa quedó comida de ayer».

Mi vida social se alteró ligeramente, mis días de descanso se convirtieron en eso, de descanso, con ello pude notar que a mi hogar le faltaba más vida. Me inicié en las compras para mi casa; muebles, arte, artículos de cocina, entre otros.

Y conocí el mundo de las plantas. Cuando niña veía a mi madre, mi abuela, mis tías adquirir un sin fin de plantas y árboles, mientras yo prefería objetos para mi recreación y el ocio. Ahora me miro pagando mi primer juego de «Suculentas«, plantas que no requieren muchos cuidados, porque confieso que temo no cuidar bien de ellas.

Con el pasar del tiempo, me hice de más plantas, algunas Espada de Rey, Cuna de Moisés, Areca Palma entre otras que me recomendaron para purificar el aire.

Pude darme cuenta que me convertí en la señora de las plantas cuando mis salidas e inversión se centraba en adquirir plantas, herramientas para sus cuidados, pero lo más importante cuando entre el comerciante y yo existía una conversación que me aconsejaba.

Cuál es de sol, de sombra, qué tanta agua debo darle, si es necesario algún nutriente o un tipo de tierra diferente; sin más ni más las plantas se convirtieron en una parte de mí. Comprendí que no sólo es adquirirlas, merecen cuidados como un ser humano.

Desde ese entonces, me esfuerzo cada día por mantenerlas vivas, porque definitivamente han dado un toque especial a la casa, y comprendí aquella dedicación de las mujeres que me anteceden, al grado de determinar que ¡me he convertido en la señora de las plantas!