¿Una posible crisis económica elevaría la criminalidad?

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La guerra comercial que en meses recientes inició el gobierno de los Estados Unidos con China ha obligado a las economías del mundo, entre ellas la de México, por su puesto, a reaccionar frente a la baja en la producción y la lentitud en los mercados.

Aunque esta guerra, en principio, favorece a México, que se consolidó como el primer socio comercial de los Estados Unidos, por encima de Canadá y China.

Entre enero y agosto de este año 2019 el intercambio comercial total (sumando exportaciones e importaciones) con nuestro vecino del norte ascendió a 441 mil 208 millones de dólares, según datos de la Oficina de Censos estadounidense. Una cifra que no tiene precedentes en las relaciones comerciales entre los dos países.  

Los principales productos que México exporta a Estados Unidos son: vehículos y autopartes, boilers, maquinaria y partes; maquinaria eléctrica, de sonido, televisiones y partes; instrumental médico, quirúrgico, óptico y de fotografía.

El petróleo, combustible y mineral, se ubica en la quinta posición con exportaciones por 2 mil 161 millones de dólares.

Muebles, ropa de cama, lámparas, verduras, frutas, plásticos y artículos de hierro son otros de los productos mexicanos que se exportan a los Estados Unidos.

Además de México, Canadá y China, otras naciones con un importante intercambio comercial hacia los Estados Unidos son Japón, Alemania, Corea del Sur, Reino Unido, Francia, India y Taiwán.

Pero México es también uno de los dos primeros socios comerciales de China en Latinoamérica, el intercambio comercial entre ambas naciones alcanzó ya unos cien mil millones de dólares, luego de que en la última década crecieron las exportaciones mexicanas a ese país casi en 800%

De acuerdo con la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) del gobierno federal, los diez productos agroalimentarios que más exporta México a China son: cerveza, harina de pescado, aguacate, algodón, moluscos vivos, langostas, materias pécticas, cueros y pieles de bovino, camarones y langostinos congelados, tequila.

Hidalgo tiene una importante actividad económica hacia el exterior, pues ofrece al mundo más de 63 productos.

Destacan jitomate, mezclilla, platería, vajillas, polvo de nopal, hongo zeta, equipo hospitalario e instrumentos de medición.

La manufactura se concentra en los municipios de Zacualtipán, Tepeji del Río, Tepeapulco, Tecozautla, Mineral de La Reforma, Pachuca, Tizayuca, Tolcayuca, Tulancingo y Zimapán.

México mantiene una docena de acuerdos comerciales en los que Hidalgo se encuentra incluido; por supuesto, con Estados Unidos y Canadá, pero además con países centroamericanos, asiáticos, y con Emiratos Árabes.

La estrella de exportación hacia Estados Unidos es el jitomate, producido principalmente en Tecozautla, del que se han vendido más de dos millones de kilogramos (unos 10 millones de dólares).

La mezclilla, maquilada en Zacualtipán y Tepeji del Río, ha significado 40 millones de dólares, durante los últimos seis años.

Casi una quinta parte del Producto Interno Bruto anual del estado de Hidalgo depende de sus exportaciones.

Con todo y eso, los riesgos de una recesión no han disminuido.

El primer país en declarar técnicamente una recesión económica, por vía de su propio banco central, ha sido Alemania, al reconocer que en el tercer trimestre de 2019 el Producto Interno Bruto podría haber sufrido una ligera contracción.  

Por su parte, el secretario de hacienda mexicano ha advertido que debemos estar preparados por si la recesión económica nos alcanza.

Ese “estar preparados” incluye medidas económicas y de seguridad, pues los mexicanos padecemos hoy un aumento dramático en la actividad delincuencial, derivado de la ampliación de actividades de los grupos que obtienen recursos al margen de la ley.

En esta zona sur de Hidalgo, al reducirse el margen de maniobra para los huachicoleros, han aumentado otras formas de riesgo para la población civil, que ha cobrado incluso la forma del asalto a transporte público, con los cientos de víctimas inocentes que eso implica.

Y aunque no existe un estudio que demuestre con bases metodológicas bien cimentadas el vínculo entre la crisis económica y el aumento en los índices de la delincuencia, ese mismo sentido común de la población apunta hacia el fundado temor de que, si se concreta una recesión económica, las cosas se van aponer peor, especialmente para quienes vivimos de nuestro trabajo honrado.

Ojalá que no, pero todo parece indicar que hacia allá vamos.