
La noticia del fallecimiento del paramédico Alfredo Estrada Martínez no solo ha generado un profundo dolor en su región, sino que nos obliga a detenernos y reflexionar sobre la naturaleza del verdadero servicio. Hay profesiones que se eligen por sustento, y hay otras —como la de Estrada— que se abrazan por una misión de vida.
Perder la vida en cumplimiento del deber es la manifestación más extrema y dolorosa del compromiso. Mientras la mayoría de nosotros buscamos la seguridad y el resguardo ante el peligro, hombres y mujeres como Alfredo corren en dirección opuesta, impulsados por una valentía silenciosa que no busca el aplauso, sino la preservación de la vida ajena.
Una Vocación que Trasciende
La partida de un «gran elemento» deja un vacío técnico en las instituciones de emergencia, pero deja un vacío humano aún más profundo en la comunidad. Su deceso nos recuerda varias verdades que a menudo olvidamos:
- La vulnerabilidad del protector: Detrás del uniforme y la sirena, hay un ser humano con familia, sueños y miedos, que decide anteponer el bienestar colectivo al propio.
- El valor de la entrega: Estrada Martínez trabajó hasta el último momento fiel a su juramento. Esa coherencia entre sus actos y su vocación es el mayor ejemplo de integridad que un ciudadano puede dejar a su paso.
- Un llamado a la gratitud: A veces, solo valoramos a nuestros cuerpos de emergencia cuando la tragedia nos toca de cerca. Su sacrificio debe servir para que, como sociedad, valoremos más el esfuerzo diario de quienes cuidan nuestra seguridad.
Un Legado de Luz
Aunque hoy nos invade la tristeza, el espíritu de Alfredo no se apaga. Se queda en cada vida que tocó, en cada compañero que formó y en cada protocolo de emergencia que ejecutó con maestría. Su nombre ahora se escribe en la lista de aquellos que entendieron que vivir para los demás es la única forma de vivir para siempre.
A su familia, amigos y compañeros de labor: que la memoria de su entrega les brinde el consuelo necesario. No se despide a alguien que ha cumplido con honor; se le honra siguiendo su ejemplo de servicio y humanidad.
Descanse en paz, Alfredo Estrada Martínez. Misión cumplida.









