
Gobernar obliga a rendir cuentas. Pero hacer oposición también. A estas alturas del sexenio estatal y cuando los ayuntamientos entran en la tercera y última parte de su periodo, vale preguntar: ¿dónde está la oposición en Hidalgo y qué ha aportado además de señalar lo que hace o deja de hacer Morena?
El PRI enfrenta quizá el problema más complejo. Después de décadas en el poder, hoy tiene una presencia reducida y un discurso que todavía busca identidad. Puede exigir resultados —es su derecho y su obligación—, pero carga con una pregunta incómoda: ¿por qué muchas de las soluciones que hoy reclama no llegaron cuando gobernaba? Para recuperar credibilidad no basta denunciar; necesita explicar qué haría distinto.
El PT representa otra paradoja. Compañero de Morena en la llamada Cuarta Transformación, en Hidalgo procura mostrarse como una fuerza con voz propia y, cuando conviene, como “no aliado”. Pero mientras sus dirigentes marcan distancia, alcaldes que llegaron al poder bajo sus siglas han terminado acercándose o incorporándose a Morena. ¿Aliado, adversario o competidor? Tal vez las tres cosas, dependiendo del municipio, la candidatura y el momento.
El Partido Verde juega diferente. Menos confrontación y más posicionamiento. Parece concentrado en conservar y ampliar espacios rumbo a 2027. PT y PVEM son, en buena medida, dos fuerzas que las alianzas con Morena ayudaron a fortalecer y que ahora tienen suficiente peso para negociar, exigir posiciones e incluso generar incomodidades. Morena los empoderó; ahora tendrá que aprender a competir y negociar con ellos.
Nueva Alianza, en cambio, no parece tener ese dilema: se ha comportado fundamentalmente como aliado. Su cercanía con Morena es clara y su actuación política se entiende mejor dentro del bloque gobernante que desde la oposición.
En los ayuntamientos el escenario resulta todavía más interesante. Regidores de PRI, PT, Verde y otras expresiones cuestionan a los gobiernos municipales de Morena. Y están también quienes llegaron mediante candidaturas independientes. Algunos han encontrado en el cabildo una tribuna eficaz para denunciar, confrontar y desafiar al poder. Pero aparece otra pregunta inevitable: ¿qué han resuelto? Porque señalar una deficiencia puede ser sencillo; construir una mayoría, modificar un presupuesto, impulsar un reglamento o conseguir una solución concreta requiere mucho más.
Los independientes enfrentan especialmente ese desafío. Desafiar al sistema puede generar simpatías, pero vivir exclusivamente de la confrontación puede terminar aislándolos. La crítica consigue reflectores; la propuesta construye una alternativa. Quien aspire a convertirse en opción de gobierno tendrá que demostrar que sabe hacer ambas cosas.
Y 2027 ya está en el horizonte. Los actuales presidentes municipales todavía podrán buscar un periodo consecutivo adicional, porque la prohibición constitucional de reelección comenzará a aplicarse en los procesos electorales de 2030. Para algunos alcaldes, los resultados podrían convertirse en argumento para intentar permanecer otros tres años. Para la oposición, eso significa que tampoco bastará repetir que las cosas están mal.
Porque al final la elección no será únicamente un examen para Morena. También será un examen para quienes llevan tres años cuestionándolo.
La pregunta para el gobierno será: ¿qué hiciste con el poder?
Pero para sus opositores habrá otra igual de incómoda:
¿Qué hiciste tú, además de oponerte?





