
Hace un año, lo que parecía una promesa de campaña más se materializó en una marea de uniformes, gritos de gol y tableros de ajedrez. Las Olimpiadas Infantiles y Juveniles de Ixmiquilpan 2025 no solo fueron una competencia; fueron el síntoma de un municipio que, tras años de ser nota roja por conflictos sociales, decidió apostar por la nota blanca del podio deportivo.
Hoy, el alcalde Emanuel Hernández Pascual sube nuevamente al estrado para presentar la edición 2026. Lo hace con el viento a favor: el éxito de la primera edición dejó la vara alta con más de 2,700 participantes y, lo más importante, una derrama de identidad que el municipio urgía recuperar.
¿Por qué importa esta segunda edición?
En un contexto donde la juventud del Valle del Mezquital enfrenta constantes riesgos de deserción escolar y falta de espacios, que un gobierno municipal institucionalice una «olimpiada» propia es un acto de rebeldía política. El año pasado vimos a estudiantes de comunidades indígenas competir hombro con hombro con escuelas privadas; vimos la disciplina del ciclismo de montaña aprovechar nuestra geografía y el baile moderno darle voz a quienes no encuentran su lugar en las canchas de fútbol.
Para este 2026, el reto del presidente municipal no es solo repetir la logística. El verdadero desafío es la trascendencia. La presentación de hoy debe aclarar cómo estas olimpiadas se convertirán en un semillero real de talento hidalguense y no solo en un evento de temporada. La expectativa es que el número de disciplinas crezca y que el esquema de incentivos —como aquellos viajes a Six Flags que tanto motivaron a los jóvenes en 2025— se mantenga como un motor de competencia sana.
Ixmiquilpan hoy no solo anuncia fechas y sedes; está anunciando un modelo de gestión donde el deporte es el eje de la paz social. Si la edición 2025 fue el «experimento», la de 2026 debe ser la consolidación.
Emanuel Hernández tiene hoy la oportunidad de demostrar que, en el corazón de la zona hñähñu, el futuro se está ganando a base de esfuerzo, sudor y metas claras. La pelota, literalmente, está de nuevo en la cancha del Ayuntamiento.
















