
- El diagnóstico oportuno permite tratamientos menos invasivos y mayores posibilidades de curación
- La prevención vence al miedo: una enfermedad curable si se detecta a tiempo
Romper tabúes y fomentar la cultura de la prevención son acciones fundamentales para reducir los casos de cáncer de próstata detectados en etapas avanzadas, una enfermedad que, cuando se identifica a tiempo, puede curarse en la mayoría de los casos.
Así lo explicó Yuri Nayeli Becerra Grande, coordinadora del programa de Prevención y Control del Cáncer, de la Secretaría de Salud de Hidalgo (SSH), señaló que, aunque en la entidad existen cerca de 373 mil 701 hombres y mujeres trans de 50 años y más, durante el primer semestre del año únicamente alrededor de 8 mil acudieron a realizarse la prueba de antígeno prostático, una cifra que refleja la necesidad de fortalecer la conciencia sobre la importancia de las revisiones preventivas.
Los tumores de próstata suelen diagnosticarse en personas mayores de 60 años, pero cada vez se detectan a edades más tempranas, en ese sentido la especialista señaló que en muchas ocasiones no se presentan síntomas durante las primeras fases, sin embargo, se debe estar alerta ante las primeras señales de alarma.
Entre ellas mencionó: dificultad para orinar, interrupción del flujo urinario, aumento en la frecuencia de las micciones, especialmente durante la noche, así como presencia de sangre en la orina o semen, e incluso dolor persistente en la pelvis, espalda y cadera.
En ese sentido, Yuri Becerra insistió en que el tacto rectal y la prueba de Antígeno Prostático Específico (APE) son los estudios que permiten identificar alteraciones que requieren una valoración médica especializada.
¿Por qué es crucial superar el tabú?
Desmitificar prejuicios y derribar tanto el estigma cultural como el psicológico es el primer paso para proteger la salud masculina, insistió la profesional de la salud, ya que los procedimientos médicos son seguros y rápidos.
El examen físico permite palpar bultos o irregularidades que otras pruebas pueden pasar por alto: «lo que buscamos nosotros es ver a través del recto cómo está la consistencia, el tamaño y si hay movilidad de ese tejido para ver que está en condiciones aparentemente sanas. Si detectamos alguna anormalidad, no es excluyente, pero ya se tiene que hacer también acompañado de una detección del antígeno prostático”, detalló.
El tacto rectal no sustituye a la prueba de sangre APE, sino que la complementa. Un nivel bajo de APE en sangre no descarta la presencia de cáncer por sí solo, por lo que la exploración física resulta indispensable. En ese sentido, los especialistas recomiendan hacer primero la prueba de laboratorio y posteriormente la valoración física, a fin de no alterar los resultados.
Lo ideal es hacer evaluaciones preventivas a partir de los 45 años si se tienen antecedentes familiares, y mantenerlas de forma anual, pero también si se presentan otros factores de riesgo como tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, obesidad y sedentarismo, pues incrementan el riesgo de desarrollar esta enfermedad.
«Aunque nosotros nos consideremos sanos y sanas, pues acudamos a estas revisiones regulares a las Unidades de Salud pues a mayor edad, hay mayor riesgo para ciertas patologías […] es importante hacernos estas detecciones», advirtió la especialista.
De esa forma, la SSH reiteró el llamado a los hombres y mujeres trans para acudir a su unidad médica y realizarse revisiones periódicas, pues una detección temprana puede significar tratamientos menos agresivos, mayores probabilidades de recuperación y, en muchos casos, la recuperación total de la enfermedad.
La invitación es clara: dejar atrás los prejuicios y priorizar el cuidado de la salud puede marcar la diferencia entre un diagnóstico oportuno y una enfermedad detectada en etapas avanzadas.








