Tepetitlán, entre los principios y los intereses: la disputa por el sentido del poder local

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La vida política de Tepetitlán, uno de los municipios pioneros de la alternancia en la parte del Valle del Mezquital que empata con la región Tula-Tepeji, vuelve a colocarse en el centro del debate público.

La llegada de un gobierno de izquierda encabezado por la presidenta municipal Ana Elsa Castillo Cea, bajo los colores del Partido del Trabajo (PT), ha reactivado tensiones históricas que parecían superadas, pero que hoy resurgen con una intensidad renovada, a un año y ocho meses de trabajos.

Mientras la administración actual ha optado por un modelo de gestión basado en resultados inmediatos —acciones directas, inversiones visibles y programas con impacto tangible en la población—, sectores identificados con la derecha local han respondido con una estrategia de confrontación que combina críticas veladas, campañas anónimas y discursos que buscan desacreditar el rumbo institucional.

No es un fenómeno aislado: forma parte de una pugna más amplia entre proyectos políticos que disputan la narrativa del desarrollo y la legitimidad del ejercicio del poder. Hay derrotas que duelen para siempre, dejan heridas abiertas y cicatrices imposibles de borrar.

Los desafíos que enfrenta Tepetitlán no son menores. El combate al lirio y al mosco en la presa Endhó, la recuperación ambiental, la inversión en favor del campo y del turismo, la lucha contra los delitos relacionados con el hidrocarburo y el rezago en infraestructura carretera requieren la coordinación interinstitucional, los recursos extraordinarios y las decisiones de largo aliento que ya se están dando.

Sin embargo, mientras esos procesos avanzan lentamente —como suele ocurrir en temas estructurales, se entiende—, el gobierno municipal ha logrado ejecutar obras y programas con efectos inmediatos, además de atraer inversión estatal y federal que no había fluido con la misma fuerza en administraciones anteriores.

Ese contraste ha incomodado a quienes gobernaron el municipio durante años desde posiciones conservadoras. Exalcaldes vinculados entre sí por lazos familiares y por su militancia en el PAN han reaccionado con una crítica constante, muchas veces desde el anonimato, incapaces de asimilar la pérdida de privilegios y la ruptura de un esquema político que durante décadas les garantizó control y continuidad.

La disputa no es solo ideológica: es una batalla por el sentido del poder local. Mientras el gobierno petista apuesta por un modelo de intervención directa y alianzas institucionales, sus detractores buscan reinstalar la idea de un municipio dividido, paralizado o en retroceso.

En medio de esa confrontación, la ciudadanía observa con claridad qué acciones generan resultados y cuáles responden únicamente a intereses de grupo.

Tepetitlán vive hoy un momento definitorio. La tensión política no desaparecerá pronto, pero el rumbo del municipio dependerá de la capacidad de su gobierno para sostener resultados y de la madurez de una oposición que, tarde o temprano, deberá decidir si continúa apostando por la descalificación o si se reintegra al debate público con propuestas reales.

Y eso, muy a pesar del encono y del odio que se pretende sembrar a través de las redes sociales, el pueblo lo sabe en el territorio, donde las cosas son muy diferentes.