¿Para qué cambio debemos prepararnos?

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La nueva década: preparados para el cambio.

Comienza un nuevo año, comienza también una nueva década.

Desde hace mucho tiempo aprendimos que sobre la faz de la tierra no hay nada perfecto, la perfección es una cualidad esencial del Ser, no de los entes.

En términos de una elemental teología, la perfección es característica de Dios, las creaturas somos apenas perfectibles, mutables.

Estamos paradójicamente “atados” al cambio constante, somos seres cambiantes de principio a fin; pero vivimos con miedo al cambio.

¿A qué nuevas características de la realidad material debemos adecuarnos al comienzo de un nuevo ciclo en el arbitrario y relativo campo del tiempo?

En primer lugar, variaron drásticamente las condiciones que han favorecido el florecimiento de las formas de vida en nuestro planeta.

La especie humana busca hacia adelante nuevas formas de convivencia con la naturaleza, no quiere darse cuenta de que la búsqueda debe ser hacia atrás, hacia el origen, para asegurar el futuro aquí.

Las sociedades en cada país enfrentan nuevas circunstancias, en general, sean derivadas de la dinámica del mercado, sean asociadas a las relaciones de poder.

En México, y desde luego en Hidalgo, uno de los desafíos más importantes para las personas y para los grupos familiares es la adaptación al nuevo acomodo de los grupos sociales, políticos y de los que están a cargo del poder público.

Esa no es una condición menor de nuestra realidad actual; más bien es y será en la siguiente década el signo de la necesaria convivencia entre los mexicanos.

Los dueños del dinero han sido primeros en rediseñar sus relaciones con el poder público, para dejar de ser ignorados.

Sin embargo, hay grupos de interés, grupos sociales bien definidos, que requieren un lapso mayor para adecuarse.

En principio, no parece existir un punto de reconciliación entre la postura crítica del presidente Andrés Manuel López Obrador y sus muchos detractores.

Pudiera pensarse que es natural, comprensible, pero lo cierto es que esa polarización resulta más que inconveniente para encauzar al país.

En Hidalgo, esa postura ha envalentonado equívocamente a algunos grupos, el más destacado de ellos es el que sostiene al mismo tiempo la bandera de Morena y de la universidad estatal convertida en instrumento político.

Pese a que Hidalgo es una de las entidades con mayores progresos en la lucha contra a pobreza, los miles de personas que constituyen el sector social más vulnerable son hoy (siguen siendo) un riesgo o una veta de orden político para los convivientes regímenes gubernamentales, el estatal y el federal.

El grupo que durante décadas se benefició en la entidad de una red de contactos para obtener favores del gobierno ha visto hoy reducido su patrimonio de relaciones.

Apenas unos pocos han logrado colarse a los espacios de competencia dentro del nuevo grupo dominante y hasta compiten por lideratos o candidaturas electorales, aun proviniendo de viejos espacios.

Hoy les es cada vez menos fácil obtener desde condonación de infracciones de tránsito, recomendaciones para abrir puertas en el esquema burocrático en cotidianos problemas de salud o de seguridad, hasta conseguir contratos, licencias, concesiones.

Esto ha generado impactos aparentemente imperceptibles, pero que han impulsado una mutación gradual acompañada de la incertidumbre en que crecen con facilidad los peligros para la gente.

Convivimos a nivel de piso con una élite desplazada que mantiene ciertos quistes en oficinas públicas, sus grises personajes actúan con bajo perfil a cambio de no ser eliminados de la nómina. Sus líderes están sentidos, resentidos, francamente enojados.

Vivimos bajo el dominio de una nueva élite encumbrada que se apresta a ganar más espacios en 2020, mediante el proceso electoral de la próxima primavera, el 7 de junio.

Y los ciudadanos de a pie estamos a la orilla, entre la oportunidad de ejercer con peso específico el poder de las decisiones no simuladas, no rencorosas, o engrosar con resentimiento puro el contingente de los nuevos desplazados.