DÍAS DE ASUETO: NO HACER NADA.

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Los mexicanos traemos hoy un verdadero desmadre en cuanto a los días feriados: revolvimos las fechas religiosas con las cívicas y con las laborales.

Tomamos esa mezcla hoy y creemos que somos más felices mientras más hacemos nada.

Tenemos como uno de los inventos más sobresalientes de nuestra cultura los “puentes”, la sucesión de días de descanso que incluya un fin de semana es un auténtico logro histórico social en el país.

Antiguamente el hombre de la casa tenía una figura muy clara, la de la autoridad, y cumplía una múltiple función específica y bien delimitada: era trabajador, protector, proveedor.

Cuando tenía un día de descanso en el trabajo, ese hombre se dedicaba a hacer tareas que requerían fuerza para hacer mejoras materiales en la casa, de modo que esto permitiera a su familia vivir más cómoda y más tranquila. “Descansaba haciendo adobes”.

La mujer de la casa se encargaba de la crianza de los hijos, de los alimentos de todos, de las labores de limpieza del espacio y del atuendo, y cuando tenía algún rato libre, igual se entregaba a surcir, bordar, coser, tejer.

Había poco espacio para no hacer nada.

El desarrollo de la sociedad mexicana trajo consigo una sustitución de estas tareas directas y comenzaron a aparecer los ayudantes en casa.

Los hubo para los hombres -se ocupaban de las tareas de fuerza mientras el hombre estaba ausente de casa, de manera que a su regreso se encargaba de supervisar que todo hubiera marchado en orden y esté al punto en el momento de su llegada.

Las hubo para las mujeres -se empeñaban en las tareas del hogar que la mujer de la casa no podía atender porque eran superiores a su capacidad, le ayudaban a lavar, planchar, cocinar, cuidar a las crías.

Diversos factores han influenciado el proceso de transformación y diversificación de las familias, hoy las hay de diferentes formas: tradicionales, monoparentales, homoparentales.

Este fenómeno ha propiciado también el crecimiento de los periodos de ocio en las actividades cotidianas y en las relaciones de trabajo; hay momentos de descanso, horas de descanso, días de descanso: las vacaciones.

La iglesia católica impuso en la vida religiosa y social que el día de un determinado santo, a quien estuviera consagrada una persona o una comunidad, se haría una fiesta y por tanto las labores productivas podías detenerse para reanudarlas más adelante.

Esta visión pasó a la vida civil y se estableció que, al recordarse algún hecho relevante de la población en el país, habría que “suspender” las labores para atender la celebración o la conmemoración.

Ya después, también gracias a la combinación de factores diversos, vino el desmadre de los días feriados, hasta que hoy están revueltos los religiosos con los cívicos y los laborales.

La feria de Tula es el botón de muestra y qué bien que así sea. Disfrutemos esta especie de extra carnaval que ocurre en medio de la Cuaresma y que nadie quiere, nadie puede y nadie debe detener.