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Mtro. Luis Manuel Gamboa Cabezas

CONACULTA-INAH

 

Una visita a la Zona Arqueológica de Tula puede traer como reflexión, que los monumentos se encuentran en un estado de abandono o falta de mantenimiento.  Lo que motivo en el año 1992, a la historiadora del arte Silvia Trejo, publicar un artículo: “Las Ruinas de Tula”, en donde mencionaba después de una visita a la Zona Arqueológica de Tula, que los monumentos estaban en un estado ruinoso y deplorable, su verdadera destrucción estaba muy cercana a menos de que se evite a través de una conservacion integral y urgente. Hoy los visitantes, después de 26 años piensan igual, que la zona se encuentra abandonada por las instituciones federales y que no hay interés por conservarla convirtiéndose en ruinas a través del tiempo.

 

En el 92, el rector de la Universidad Autónoma de Mexico, Dr. Jorge Carpizo, motivo a que los investigadores para apoyar en la investigación que tiende a reforzar y recrear nuestra cultura.  Una de sus propuestas era de que los investigadores participaran en la conservacion y recuperación del patrimonio artístico e histórico. Silvia Trejo, decidió hacer un diagnóstico del estado de conservacion de los monumentos arqueológicos de Tula, concluyendo que todo estaba en ruinas, que deberían ser explicadas rescatando los valores de la cultura que hizo las construcciones. Entre las preguntas que se planteo estaba: “¿qué pasa con nuestro legado cultural? ¿qué sabe el estudiante a nivel universitario sobre nuestro pasado prehispánico, sobre los toltecas. sobre Tula? ¿tiene alguna idea de quién descubrió, no hace mucho, que Tallan es la hoy Tula? o ¿qué significa Tlahuizcalpantecuhtli y quién decidió nombrar así a la pirámide principal del sitio antes mencionado y por qué?”.

 

El diagnostico que tuvo en el 92, sobre los monumentos arqueológicos fue que estaban en un estado ruinoso, debido a varios agentes naturales y culturales modernos. A pesar de esto, ha permanecido ya que la: “…fue elegida por los toltecas allá por los años novecientos de nuestra era para erigir la sede de lo que sería un asentamiento de gran importancia. Se trata de una zona situada al norte de la cuenca de México en el suroeste del actual estado de Hidalgo, zona, en aquella época, rica en recursos como: suficientes tierras fértiles cruzadas por los ríos Rosas y Tula, bosques de juníperos, pinos y robles, yacimientos de cal y suficiente lluvia y plantas comestibles”. El paisaje que actualmente tenemos, se conserva como fue en la época prehispánica, para entonces, es probable que los toltecas, desforestaran la región, por el uso de troncos de árboles de diversas especies en la quema de calizas que fueron usadas para producir cal apagada. El panorama del paisaje es una perspectiva desértica de cerros pelones y vegetación espinosa, que indicarían que esto no motiva el desarrollo cultural y tecnológico de los toltecas. Sin embargo, mas de trescientos años los toltecas estuvieron asentados en el área.

 

Hay varios agentes culturales que afectan los monumentos. Silvia Trejo, comentaba que se respira contaminación de las cementaras, cerilleras, caleras, refinería de PEMEX y termoeléctrica que provoca lluvia acida que afecta directamente el material pétreo de los monumentos.  La mayor contaminación que afecta los monumentos es la trasformación del entorno natural y cultural como fue en su momento usar de basurero municipal el área de Tula Chico; el de construir una carretera a un lado de la Pirámide del Corral; el separar Tula Grande y Tula Chico por la construcción del Tren Bala; el de permitir el crecimiento urbano en la parte suroeste de Tula Grande; el de no respetar áreas de protección de monumentos arqueológicos como La Malinche y El Cielito. El daño mayor que se tiene es la trasformación de la perspectiva visual que afecta el paisaje de los toltecas.

 

A través de este diagnóstico, todo indica que hay actores que destruyen los monumentos arqueológicos, pero ¿Qué dice el registro arqueologico? Silvia Trejo menciona; “Jorge Acosta, es el primer arqueólogo que excavó sistemática y científicamente esta zona entre 1940 y 1957, menciona repetidamente en sus reportes arqueológicos que las construcciones de Tula eran de muy mala calidad y de carácter deleznable. Estas consisten en núcleos de piedra amarrados con lodo, cubiertos en ocasiones con un delgado aplanado de estuco o con losas también pegadas con barro. En este punto también llama la atención la reutilización de losas labradas, de construcciones anteriores, cuyo relieve quedaba oculto. El desmantelamiento de edificios estaba ligado a la tan común tradición mesoamericana de construir a cada determinado tiempo una estructura sobre otra,

utilizando la primera como base. Pero entre los toltecas la destrucción de los edificios previos es casi total, de tal manera que hasta la fecha no se ha determinado de dónde proceden las losas reutilizadas, ni a qué época de construcción corresponden.”

 

Hay otros datos también interesantes que señala Silvia Trejo como: “El abandono de Tula también se ve en otros aspectos, por ejemplo, en la elección del material para elaborar sus relieves, especialmente los de las banquetas que circundan vestíbulos y cuartos del Palacio Quemado. Los relieves eran real izados en piedra caliza, propia de la zona; la piedra tiene la característica de presentar un poro muy abierto lo cual impide que el relieve sea nítido y no permite perfiles delicados ni detalles precisos. Por otro lado, cuando elaboraron frisos más o menos extensos, como el del Coatepantli, como lo observó, Acosta, se ve negligencia en la realización del diseño porque no siempre. coinciden las grecas de una losa con las siguientes. Sus pilares tenían un tronco como alma al cuales le pegaban piedras con lodo y se cubrían con una capa de estuco, en lugar de hacerlos totalmente de piedra y recubrirlos con losas labradas como en otros sitios mesoamericanos”.

 

En conclusión, tenemos dos propuestas que difieren sobre el estado de conservacion de los monumentos arqueologico, su afectación de forma directa e indirecta por diferentes actores que influyen en la modernidad de los tulenses o por las condiciones constructivas de los edificios, que fueron levantados solo como conmemorativos, no confines de que se preservaran. Los materiales no son los adecuados, no sabían construir los toltecas (no hay cimentación), se reutilizaron materiales constructivos de otros edificios que se desmantelaron y no sabemos cuáles pudieron ser, no había un programa de conservacion por parte de los toltecas y al final de sus tiempos, los mismos toltecas hicieron ruinas a sus propios monumentos con el desmantelamiento de las columnas ed la Pirámide B con el propósito de sepultarlas.  Una dicotomía que puede explicar porque los monumentos de la gran Tollan Xicocotitlan, se encuentran en ruinas.

 

La Pirámide B ha pasado por diversas etapas constructivas. Se encuentra sobre una plataforma donde se elevaron en un primer momento cuatro cuerpos, los cuales se ampliaron con muros verticales y entre calles, al final se agregaron lapidas gravadas en tableros sostenidos por taludes. Las renovaciones arquitectónicas carecen de un plan de conservacion en época tolteca, solo es la monumentalidad y presentación del edificio a los visitantes y gobernantes.

El Palacio Quemado obra monumental de los toltecas es una construcción que se hizo sin prever su conservacion. Los muros están desplantando sobre una plataforma, los altares están adosados sobre banquetas, los pisos estaban desgastados erosionados por goteos en los impluvios, las técnicas toltecas de recubrimiento se desplomaban por gravedad, las fachadas se colapsaban.  Su conservación en nuestros días es un problema en cuanto a conservar su originalidad y de reconstruir para su preservación.

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