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Una crónica de Fernando Alfonso

Eran las seis de la tarde del viernes 18 de enero, en el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo. En San Primitivo, una Colonia con poco más de mil 500 habitantes, Don Salvador estaba pendiente de que la fiesta que se llevaba a cabo en el salón de fiestas que administra se celebrara en orden.

La Señora María había terminado ya con la venta de las famosas gorditas que vende frente al panteón y el papá de Diego, eléctrico automotriz de oficio, llegaba a la parte final de una intensa jornada, cuando comenzó a correr la voz cual agua del río, o más bien, cual gasolina que se expulsa de un ducto perforado de forma clandestina.

 

—Cáiganle, en chinga, frente al COBAEH, hay gasolina gratis -dijo Pepe-.

—Pasen la voz -exclamó Tere-, traigan cubetas, jarras, botes, lo que encuentren.

 

A las 6 de la tarde con 19 minutos, Pemex recibió un reporte emergente en el que se informaba que la toma, que en algunas otras ocasiones había causado problemas similares, producto del huachicoleo, vivía una nueva contingencia.

20 minutos después ya sumaban más de 200 personas, de todas las edades, incluso niños y adolescentes, quienes tomaban el hidrocarburo que emanaba de las venas de México y lo transportaban en autos, camionetas, motos, a pie, en lo que se podía.

La autoridad federal ya tenía conocimiento del hecho. A la brevedad llegó un grupo de 25 militares, adscritos a la base de operaciones que opera en la zona. Poco pudieron hacer, pues se vieron claramente superados por vecinos que no atendieron la indicación de los militares de retirarse del lugar, pese a que explicaban el alto riesgo que representaba estar en el sitio.

 

Sucursal del infierno

El fatídico 18 de enero agrupó una serie de simbolismos que nadie debe pasar por alto. A las seis de la tarde con 56 minutos, San Primitivo se convirtió en una sucursal del infierno: la fuente de hidrocarburo comenzó a incendiarse. Gritos, llanto, pavor, muertes instantáneas.

Hombres envueltos en llamas corriendo sobre la tierra de cultivo, como queriendo escapar de la muerte. Personas arrastrándose. Olor a piel humana quemada, olor intenso a gasolina, olor a muerte.

Los servicios de Protección Civil locales han sido rebasados, desde hace muchos años, por los fenómenos que se registran, sobre todo asociados a una de las más importantes zonas industriales del centro de México. Personal de excelencia, con vocación, pero equipo y unidades limitadas.

Minutos después de las 7 de la noche, cifras extraoficiales ya hablaban de más de 50 muertos, otros 50 lesionados y un sin número de desaparecidos.

El hecho cobró importancia nacional e internacional. El Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, instruyó a todo su gabinete a sumarse a las labores de apoyo. El Gobernador Omar Fayad coordinó las labores para que la zona regresara a la normalidad a la mayor brevedad posible.

 

 

 

Rápidamente fueron llegando al lugar de los hechos unidades de rescate, patrullas, camiones jeeps, ambulancias, de la Marina, el Ejército, la Policía Federal, policías estatales y municipales de Hidalgo, estado de México, la ciudad de México.

 

 

Apoyo directo a los más vulnerables, desde el Gobierno de la República

Continuaban los simbolismos: a unos 200 metros del lugar de la fuga y posterior incendio, en el Plantel Tahuelilpan del Colegio de Bachilleres del Estado de Hidalgo, una institución en la que probablemente nunca se hubiera imaginado la celebración de una reunión con el Secretario de la Defensa Nacional, la Marina, Pemex, el Gobernador y ¡hasta el presidente de la República!

Minutos después de la media noche, el licenciado López Obrador llegó en impecable camioneta negra, a orquestar una estrategia clara que consiste en no dar ni un paso hacia atrás en la lucha contra el huachicoleo.

Si en algún momento de la historia de San Primitivo, Tlahuelilpan, o la región huachicolera, hubieran recibido a manera de acto de prevención social, la misma atención, con la misma energía, con la misma fuerza, de las autoridades federales y estatales para dotar de mejores condiciones de vida, otra historia estaríamos contando.

 

El tamaño de los alcaldes

Para gestionar, negociar, concretar acciones. En mesa abierta y puntual frente a los funcionarios estatales y federales, con la presencia del Presidente de la República, el alcalde de Tlahuelilpan, Juan Pedro Cruz Frías, con la posibilidad de generar acuerdos precisos, breves, claros, se limitó a pedir una audiencia posterior.

 

La fuente de la abundancia

Ante la falta de oportunidades, en un contexto donde o eres campesino, obrero, comerciante de tianguis, o huachicolero, en su mayoría, limitarse a solo observar la fuente de la abundancia, fue complicado.

Pero la cubeta, el garrafón, el bidón, el tambo, que pudo haber sido el más barato, terminó por ser el más caro, no para la persona o el grupo de amigos solamente, sino el más caro de la historia en el municipio, en la región. Enorme simbolismo que la vida pone al alcance de todos para reflexionar: ¿qué tanto vale la pena vivir de lo ilícito?

No es solo la fuente, el incendio y las trágicas imágenes de cuerpos calcinados que circulan con mucho morbo en redes sociales y grupos de Whatsapp; es la oportunidad para conformar una sociedad más responsable, una gran oportunidad para otorgar, ahora sí, las oportunidades que la gente del sur hidalguense han clamado por siglos.

 

 

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