TULA, NO EXISTE.

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Cinco episodios dramáticos de la historia de Tula en los que La Ciudad de Los Atlantes se hizo invisible.

Por Fernando Ávila Báez.

  1. “Desapareció” la civilización tolteca. Los habitantes de Tula no conocen ni se identifican con la civilización ni con los vestigios de la tierra de Quetzalcóatl. Pregunte usted a cualquier persona en la calle algún dato sobre la fundación, desarrollo, florecimiento o decadencia de Tula… nada. Identidad cero.
  2. Solo hasta la reapertura del Museo de Sitio Jorge R. Acosta en el Parque Nacional de la zona arqueológica a finales de octubre de 2023 es que se retoma con seriedad el abruptamente interrumpido proceso de vinculación de la realidad actual de la gente con el pasado tolteca. Usar la expresión «esplendor tolteca» para significar uno de los gobiernos más corruptos en la historia del municipio ha sido una grave falta de respeto en medio de esta turbulencia que viene impidiendo la definición de una identidad.
  3. La industrialización “se comió” a Tula. Alrededor de la que hoy es cabecera municipal, florecieron asentamientos muy importantes en la industria textil (Tepeji del Río), cementera (Jasso, que a pesar de pertenecer a Tula hizo su propio desarrollo, y Atotonilco de Tula); energética (la Refinería y la Termoeléctrica crecieron usando a la ciudad y sus comunidades sin ningún compromiso de integración al desarrollo estructural, siempre aportaron migajas.
  4. La contaminación “borró” de la realidad a Tula. Durante todo el proceso de construcción de la Presa Endhó y el destino de las aguas residuales del Valle de México hacia este gran vaso contenedor por conducto del Río Tula ni la población ni el gobierno local existieron. Hoy, la gigantesca construcción del revestimiento del Río Tula, con una escala exponencial de aguas contaminantes atravesando toda la región, con inundaciones, muertes y peligros, a la gente y al gobierno de Tula, CONAGUA y las instancias del gobierno federal “ni los pelan”. 
  5. Cuando para el uso de suelo el gobierno de Tula fue invisible. En los años 90, los grupos políticos y de intereses económicos en el poder dispusieron que el destino en el uso del suelo se decidiría en Pachuca y así crecieron asentamientos industriales, comerciales, y decenas de fraccionamientos en el boom inmobiliario con casas de muy mala calidad y sin servicios. Hoy se ha recuperado esa potestad para el municipio, pero para la gente eso y nada es lo mismo.      
  6. Una clase política “agachona” siempre burlada. Para los políticos encumbrados a nivel estatal, Tula fue siempre una mina de votos exageradamente dócil; los personajes más destacados de la política local se entregaron con increíble facilidad a los intereses del centro por prebendas como notarías, concesiones, cargos de mediano nivel y dinero, claro. Durante 110 años, bajo ese esquema gobernaron Tula apenas dos o tres familias que todavía hoy ostentan cargos y beneficios directos o indirectos. A cambio de su entreguismo fueron impuestos y hasta venerados como dioses políticos externos como el alcalde Héctor Manuel Buitrón Maldonado (Jilotepec, Estado de México), el alcalde provisional Esteban Sánchez Rojo (había sido presidente municipal de Tepeji del Río), la diputada local y alcaldesa sustituta Blanca Mejía Soto (Actopan), el diputado local Daniel Campuzano Barajas (Pachuca), los diputados federales Jorge Romero Romero (+), Ramón Ramírez Valtierra (Pachuca, ambos), José Antonio Rojo García de Alba (Huichapan) y Cuauhtémoc Ochoa Fernández (CDMX-Nopala de Villagrán).  

Seis ejemplos contundentes en los que se mezclan las características de la personalidad colectiva de la población local con los factores externos que influyen en las decisiones, por las que se puede afirmar que Tula no existe.