Grandes descubrimientos en Tula: La Coraza de Tula.

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La Coraza de Tula

Mtro. Luis Manuel Gamboa Cabezas

Instituto Nacional de Antropología e Historia

 

En 1993, el patio central de la Sala 2 del Palacio Quemado de la zona arqueológica se inundó, debido a que el desagüe prehispánico se había azolvado, se hizo lo correspondiente para desazolvar el drenaje.

Todo esto dentro del proyecto de Mantenimiento, Conservación e Investigación de la Zona Arqueológica de Tula, en su temporada 1992-1994.

En el centro del patio se comenzó con una excavación donde inmediatamente por debajo del piso se descubrió un disco de turquesa (Cobean y Estrada 1994).

Por debajo de esta ofrenda, a unos 70 cm se descubrió una caja de adobes en cuyo interior se encontraba La Coraza de Tula que estaba compuesta de numerosas plaquitas de conchas trabajadas, encima un gran collar de concha, y sobre éstos una vasija de cerámica que contenía una resina, la cual fue quemada ceremonialmente al momento de depositar la ofrenda.

Durante la excavación se hizo una retícula para registrar cada una de las piezas, además se dibujó en tamaño natural las ofrendas y se tomaron fotografías del material en el lugar y posición en que se encontró.

Con estos datos, el rearmado en la conservación se hizo de tal manera que coincidió con la ubicación de las piezas in situ, lo que le da mayor confiabilidad al trabajo de restauración respecto a la forma original.

El levantamiento de la ofrenda estuvo a cargo del equipo de conservadores de la Coordinación Nacional de Restauración del Patrimonio Cultural del INAH, quienes implementaron medidas que aseguraron un adecuado levantamiento de las piezas, así como su conservación antes de ser llevadas a los talleres de restauración.

Entre los procesos realizados destacaron el control del microclima durante los trabajos de levantamiento, la participación en la micro excavación, el embalaje de las piezas para su traslado, la colaboración en el registro del contexto de las diferentes piezas (Cruz, Sandra, Lourdes et al 1993).

En 1994, los objetos se trasladaron al Museo del Templo Mayor de la ciudad de México para exhibirlos en la exposición “Veneras y Caracolas: la Concha en el Mundo Prehispánico”.  Esto derivó en un tratamiento más particular para la conservación de La Coraza de Tula.

El material que se recibió constaba de lo siguiente: 16 bivalvos sin trabajar del genero Spondylus y un Psendochama inermis que no pertenecen a la ofrenda y que fueron depositados en un nivel anterior, 1204 pendientes de formas trapezoidales y rectangulares elaborados en conchas de bivalvos del género Spondylus, probablemente de las especies princes y calcifer, 111 pendientes de forma cuadrada con el borde inferior redondeado, de concha nácar, posiblemente de la especie Pinctada mazatlanica, 98 caracoles del género Oliva de diversos tamaños y 245 cuentas de formas cuadrada, circular, o de flores de cuatro y cinco pétalos, manufacturadas también de conchas bivalvas del genero Spondylus.

Este tipo de conchas se encuentra actualmente a 40 metros de profundidad, lo que remarca la importancia de estas piezas en los grupos mesoamericanos, pensando que no había equipos para sumergirse, y que las piezas se mimetizan en el mar con otros organismos marinos.

El proceso de restauración de La Coraza de Tula estuvo a cargo de Lourdes Gallardo, Dulce Grimaldi y José Vázquez. Para rearmar el collar y el chaleco, primero se hizo la limpieza de las piezas y su estructura se reforzó al sumergirlas en agua de cal.

Posteriormente las piezas numeradas se colocaron en el orden en que fueron encontradas en los cinco niveles de excavación, mediante un sistema de transparencias.

La evaluación del estado de conservación de las piezas sentó las bases para el tratamiento de conservación, estableciendo como intervención prioritaria su consolidación.

El lino es el soporte que se utilizó en el rearmado de la pieza, sustituyendo al original, por ser un material resistente, inerte y con caída, lo que garantizó la estabilidad de los pendientes. En cuanto a la unión, fue una costura con un remate cada 5 piezas, con hilo de algodón, poliéster y lino.

La restauración es un proceso completamente reversible, lo que ayuda a mejorar la estructura, sin alterar las piezas originales.

La coraza se amoldó exactamente a la anatomía humana; las 23 hileras corresponden en tamaño y forma, tanto en el frente como en la espalda. Todas las piezas son originales y se encontraron en condiciones favorables, a pesar del deterioro normal de las conchas a causa del medio ambiente y las alteraciones de la manufactura.

Este material, manufacturado de moluscos, tomó la forma de un chaleco con un collar durante el proceso de restauración; el cual se basó en el análisis de las representaciones pictóricas y escultóricas mesoamericanas y el atinado trabajo de excavación, registro y levantamiento de datos de los arqueólogos.

De acuerdo al análisis de la forma y especie de las piezas marinas que conforman La Coraza de Tula, todas presentaron perforaciones cuadrangulares, desgastes y cortes.

En el taller de arqueología experimental, que dirige el arqueólogo Adrián Velázquez (sf), se infiere que cada proceso técnico o herramienta deja una huella.

Por lo tanto, se hacen réplicas, con las mismas modificaciones aplicadas: cortes, perforaciones y las remociones de determinadas capas de las valvas con las herramientas que se cree utilizaron los artesanos prehispánicos para realizar piezas de concha.

La Coraza de Tula se asocia con la guerra, por la ubicación y el lugar en el que se encontró; Tula es considerada una zona de batalla.

Por su estructura podría tratarse de una vestimenta defensiva y ceremonial.

Es un material asociado con el inframundo, aguas subterráneas y mar (Getino y Cid 2000). Actualmente la Coraza de Tula se encuentra exhibida en la Sala Tolteca del Museo Nacional de Antropología como uno de los grandes descubrimientos de Tula y ha sido motivo de exhibición en diferentes países como Francia, España, China, Nueva Orleans y Estados Unidos.

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