ANA LAURA MARTINEZ LARA, MUJER, ARTISTA Y MADRE: CREAR Y CRIAR

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A propósito de este mayo de 2020 en que la sensibilidad se agudiza, pues el espíritu se expresa de diversas formas, hoy te compartimos -en sus propias palabras- el perfil de una joven mujer, artista plástica en franco desenvolvimiento, comprometida con las causas de las mujeres y con la naturaleza, que es también mamá y que trabaja a cada instante por alcanzar el lugar que merece. Es en sí misma, un auténtico personaje… ¡Gente de diez!

Mis padres me llamaron Ana Laura Martínez Lara, ambos son de Tamaulipas, por azares del destino mi nacimiento se dio en la tierra tolteca, Tula de Allende, Hidalgo, donde transcurrió mi infancia. Después nos mudamos a una colonia llamada Tultengo, ahí entre maizales, magueyes, perros y vacas se encontraba lo que sería nuestro hogar.

Soy la pequeña de la familia; mi hermano mayor, de quién aprendí la valentía y creatividad, mi hermana la de en medio, de quien aprendí sobre la fuerza; los tres somos muy diferentes, pero con los mismos valores en el corazón.

Con el tiempo, observando los dibujos de mi hermano (aún recuerdo que le pedía me dibujara uno tras otro), llegó el momento en el que yo quería hacerlo, me mostró como combinar colores y comencé a hacer mis propios dibujos, copiando de revistas e ilustrando las libretas de mis materias de la primaria, secundaria y prepa.

En la preparatoria, sin saberlo, comenzaba a formar a esa “artista” que late en mi. Recuerdo con cariño y agradecimiento al profesor Pascacio, que en sus clases de dibujo me alentaba siempre con un “Esa mi artista”. Ahí junto con otros compañeros realizamos nuestra primera exposición de dibujo en la Sala Quetzalcóatl.

Inició la aventura y me fui a vivir al Real del Monte, Pachuca, ahí comenzaría mis estudios profesionalmente, en el Instituto de Artes de la UAEH, donde conocí personas talentosas que influyeron notablemente en mi formación artística.

Ahí conocería al profesor que me unió al muralismo, formé parte del MMM (Movimiento de Muralistas Mexicanos) y del MMH (Movimiento de Muralistas de Hidalgo). Después colaboré con el colectivo Mujeres en el Arte; en cada uno de los colectivos aprendí del muralismo, pero sobre todo el compañerismo y el trabajo en equipo. En ese lapso llegue a pintar alrededor de 9 murales colectivos en distintos puntos de Hidalgo.

Mi vida cambio en un instante, supe que me convertiría en madre y que este maravilloso camino, lleno de responsabilidad y amor, lo recorrería sola. Regresé a Tula, para entonces ya no estábamos en aquella enorme casa rodeada de maizales, ahora era más lejos y rodeada de pavimento y cactáceas muy próxima a la zona industrial.

Con un pequeño ser creciendo en mí y con todo lo que ocurría en mi entorno, encontré la fuerza para salir adelante, no de la manera más convencional pues me aferraba a la pintura. Mi madre tuvo la brillante idea de que pintara zapatos de tela, así comencé mi propia empresa, haciendo lo que más me gusta (pintar).

Tiempo después inicie como tallerista en la Casa de la Cultura de Tula, gracias al apoyo de Adriana Ramos, quien era directora.

La Casa de Cultura se convirtió en Centro Cultural, y con esto cambió la administración. Conocí a más artistas de la zona quienes me invitarían a exposiciones dentro del municipio y a las afueras. En estos proyectos, mi padre siempre ha estado presente, siguiéndome de un lado a otro, con mi niño.

Llegó el momento de retomar el mural, y fue pintando al fin en mi ciudad natal. Luego de realizar dos emblemáticos murales en la zona, se me invitó a un proyecto ambicioso en el Tianguis Municipal. Por más de seis meses, me involucré con su gente y su historia. Se dio el sí y comencé a dirigir el mural que lleva por nombre “Las tres Generaciones”, realizado con el apoyo del artista Carlos Ramírez Serrano.

Con esto se me abren más puertas y continúo pintando murales en la zona, al mismo tiempo que me uno a Cultura Comunitaria, un bello proyecto titulado “Semilleros Creativos”. Me dieron lugar en el Centro Cultural Regional de Tlahuelilpan.

Actualmente en época de contingencia, muchas de las actividades se vieron frenadas, entre ellas, murales por realizar y eventos culturales. Me veo nuevamente llevando el trabajo a casa.

Estoy trabajando desde casa, resolviendo el día a día, postergando la vocación creativa y enfocándome en el desarrollo de mi hijo y además formando a distancia algunas bases artísticas en mis alumnos.

Semilleros Creativos es sin duda un gran apoyo de formación artística, en este periodo me encuentro realizado capacitaciones en línea, talleres y conferencias al mismo tiempo que a mis alumnos les brindo clases de arte y opciones de actividades desde casa.

Tanya Huntington comentaba en una nota:

“Tradicionalmente, la maternidad y el arte están peleados: la primera decisión que debe tomarse a la hora de dedicarse al arte es la de no reproducirse, se supone, si es que una mujer quiere llegar a ser una gran artista. Quizás es con la tradición con la que debemos romper”.

Rompí “la tradición” y con la fortuna de contar con mis padres es que continúo y trabajo arduamente por encontrar ese lugar que me pertenezca, para seguir creando y criando.

El camino no fue sencillo, pero se hizo una ardua labor que le dio credibilidad y valor a mi trabajo en la región, misma que -cuando pase esta mala racha- le dará lugar a mi creación artística, un espacio en la sociedad a mi hijo y un aporte cultural a mis alumnos.

Y como bien lo dijo Huntington: “Tampoco me jacto aquí de ser una buena madre. Tampoco de ser una buena pintora, o una buena poeta. Simplemente me dedico a todas estas vocaciones de igual manera: con mucho esfuerzo y con mucho amor”.

Áura.