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Por muchas razones, se suele llamar “generación blandita” a la gente de nuestro tiempo.
Sea porque parece haberse perdido el carácter individual para tomar decisiones o emprender acciones, o sea porque se han roto los límites entre tareas y funciones.
La realidad es que, muy a pesar de que ningún padre desea que su hijo tenga problemas en su etapa adulta, todo parece indicar que estamos caminando en el sentido contrario.
Muchos de esos “padres blanditos” no se dan cuenta de que el futuro de sus hijos depende en gran medida de la educación que reciben cuando todavía son niños. Uno de los rasgos de la «generación blandita» es, precisamente, el exceso de mimos por parte de los padres, que crían a unos hijos sobreprotegidos, poco resolutivos y a los que nunca se responsabiliza de los errores que comenten.
Pasamos por alto que con los hijos hay que trabajar en la tolerancia a la frustración, sobreponerse al fracaso, educar el carácter, fomentar la asunción de decisiones y transmitir valores. La baja tolerancia a la frustración se ha convertido en uno de los factores de infelicidad más frecuentes entre jóvenes y adolescentes.
Padres y educadores deben preocuparse especialmente por entrenar a los niños en el dominio de su voluntad y la resistencia a los contratiempos.
Psicólogos lo han comprobado desde hace años: los jóvenes toleran cada vez peor la frustración. Hablamos de frustraciones tan distintas entre sí como los malos resultados académicos, los desengaños amorosos, las peleas con los amigos o las prohibiciones paternas.
Los efectos de esta debilidad afloran en la adolescencia o incluso a edades más tempranas en manifestaciones graves que van desde la depresión, la violencia contra los padres o incluso contra sí mismos, a través del suicidio.
Cabe preguntarnos ¿Hasta qué punto no son los adultos los últimos responsables de estas desgracias al no haber dotado a los jóvenes las herramientas para soportar inevitables contratiempos de la vida?
Los niños que han crecido sin enfrentarse a muchos obstáculos no han aprendido a superar los que les esperan en el futuro. De ahí que cada vez sean más los directivos de empresas que manifiestan su sorpresa por la baja tolerancia a las críticas de los subalternos más jóvenes.
Los especialistas advierten que, para comenzar a superar esta circunstancia, es evitar la etiqueta. Tenemos que evitar poner etiquetas porque en muchas ocasiones las personas acaban asumiéndolas como suya: los niños finalmente se terminan comportando tal y como les marca esa etiqueta.
Este tipo de categorías surgen a veces en el calor del hogar, sin que los padres se den cuenta. Por ejemplo, cuatro etiquetas negativas muy comunes son:
Vago: por no obtener un determinado rendimiento académico.
Rebelde o travieso: por no seguir unas determinadas normas de conducta.
Inseguro: por mostrar cierta timidez.
Nervioso: por ser inquietos y activos.
¿Cómo serán cuando crezcan los niños de la generación ‘blandita’?
El principal problema de los niños sobreprotegidos, según los expertos, es que esa semilla irá creciendo a medida que crezcan, como una enredadera, y terminará por adueñarse de sus cimientos.
Cuando crezcan, estos niños presentarán toda esta batería de problemas que harán de ellos adultos ‘apocados’, ‘temerosos’, con problemas de habilidades sociales y poca inteligencia emocional: Le costará relacionarse con los demás.
Tendrá problemas de habilidades sociales. Será muy exigente y poco tolerante o bien, sumamente conformista. Puede ser prepotente y pensar que todos los demás ‘están equivocados’. Tendrá muchas dificultades para manejar sus emociones. No sabrá solucionar sus problemas.
Evidentemente, el problema no está en los niños, sino en los padres. Desde el momento en el que el padre comienza a realizar las tareas que debería realizar su hijo, le está convirtiendo en ‘blandito’.
Si Usted no quiere criar un hijo “blandito”, comience ahora con lo siguiente: Trabajar en la tolerancia a la frustración y la educación del carácter, fomente habilidades como la persistencia ante las dificultades, la capacidad de trabajo con otros, así como la capacidad de sobreponerse ante el fracaso (resiliencia).
Fomentar la toma de decisiones en los hijos, con sus respectivos éxitos y fracasos; transmítales los valores de la familia y la sociedad, deles valentía para defender con palabras y hechos las convicciones propias. Recuerde que es importante respetar la individualidad de cada niño, cada niño es único e irrepetible.
La sociedad atraviesa una fase en la que los padres, antes de exigir a sus hijos que se superen, les buscan soluciones a sus problemas y los dejan llenos de vacíos.
Este inicio de nuevo curso escolar es una magnífica oportunidad para retomar el compromiso, sin etiquetas, de formar generaciones capaces de sostener al mundo en el futuro.

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