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¿Se puede ser soltero y feliz?

¿Se puede ser soltero y feliz?

El amor en tiempos de Tinder.
Por Ricardo Mayorga

Febrero es un mes único y especial. Llamado así en honor a las fiestas de la Februa (purificación) en el antiguo imperio romano.
Es único porque es incompleto. Fue el mes sacrificado cuando se instituyó el calendario gregoriano para darle dos días extras al verano y a pesar de ser en la antigüedad el último mes del año, tomando en cuenta las estaciones, terminó por ser una ayuda para ajustar los calendarios imperfectos cada cuatro años con un día extraordinario.
Esto hace que los nacidos en años bisiestos tengan un halo de eterna juventud, más si uno nace un 29 de febrero, fecha de pago de muchas promesas sin cumplir y sólo cada cuatro años se agrega una velita más al pastel.
En tiempos modernos febrero se instituyó como el mes del amor y la amistad, ya que en su día 14 la iglesia católica celebra a un sacerdote que a escondidas unía a las personas en matrimonio para evitar que los varones fueran enviados a las guerras por ser solteros, usando el amor como una unión que ni el mismo hombre puede separar y salvando vidas: San Valentín.
Y es el mismo febrero cuando el frío arremete y nos hace recordar que el invierno no se termina con las fiestas decembrinas. Ese frío, que en esta región sur de nuestro estado cala hasta los huesos y es el pretexto perfecto para buscar calor y abrigo; algunos buscamos el café caliente en la mañana, otros agregamos cobija y ropa extra a nuestro vestir.
Los más o menos afortunados tienen quien les caliente los pies, aunque en todo el día no se llamen o se vayan enojados a la cama o sean peludos y caminen en cuatro patas. Somos seres que buscamos afecto y más sobrevivir a una muerte helada.
¿Y qué destino les aguarda a los pobres solteros en época de frío?, ¿Quién nos calentará los pies en las noches frías? Hasta los poetas de la música se lo preguntan: ¿Quién me tapará esta noche si hace frío? Como dice Alejandro Sanz.
En tiempos de Nueva España, antes de ser un país independiente, a las mujeres que se quedaban solteras se les destinaba a “vestir santos” dada su educación y que desde niñas se les enseñaba a bordar.
Al pasar la edad de ser elegidas por algún noble caballero y no correr con suerte de serlo, eran recluidas en los conventos para ocultar la vergüenza y al no tener la vocación eclesiástica se les aprovechaba poniéndolas a confeccionar los vestidos o mantos para las figuras que representaban a los santos.
En el caso de los hombres quedados era muy diferente la suerte. Podían ser casanovas eternos o dedicarse a los negocios familiares, entrar al ejército o al servicio de la corona sin mayor problema.
O ser invitados a las fiestas del yerno de don Porfirio y ser uno de los famosos 41 invitados… Pero esa es otra historia.
Ya en tiempos más civilizados el “quedarse” ya no era precisamente para vestir figuras de altar. Pero seguía siendo un estigma. Superado en el caso de las mujeres divorciadas y peor aún madres solteras, las cuales cincuenta o sesenta años después siguen siendo señaladas.
Como ejemplo, a mediados de enero de 2018 Benjamín Medrano Quezada, diputado federal del PRI, por Zacatecas, dijo en una entrevista que los hijos de madres solteras “se vuelven delincuentes porque no tienen a su madre en casa y eso les genera resentimiento contra la sociedad”. Sin palabras.

Amor e interenet

Pero vayamos al amor en los tiempos de la Internet. A finales de los años noventa, del siglo pasado, el acceso a la llamada red de redes fue más fácil para las masas y comenzó un auge por “navegar” y encontrar cosas de interés.
Poco a poco se expandieron sus posibilidades y con la llegada del Nuevo Milenio los portales brindaban servicios de correo electrónico gratuito para los nuevos y recién bautizados Cibernautas.
Uno de los usos que permitió dicha expansión fueron los chat romos, donde accedías a “salas virtuales” de charla con otros cibernautas, las cuales permitían conocer gente de otras latitudes, además de que dichas salas se iban diversificando por tópicos o lugares en común.
A este auge se le sumó la creación de páginas de búsqueda de pareja con afinidades que permitían mediante algoritmos “buscar” a la media naranja.
La esperanza no estaba perdida para los solteros de todo el mundo y al crecer el acceso a una computadora personal en casa con conexión a internet, el lugar para encontrar el amor estaba garantizado.
Portales como Latinchat, Starmedia y Yahoo tenían acceso a un buscador de parejas basados en el sistema de match.com quien desarrolló una fórmula simple (antecesora del Me gusta en Facebook) donde por medio de un corazón en el perfil de cualquier usuario, este era informado que había alguien que le gustaba o interesaba, posteriormente cuando uno revisaba dicho perfil y había el gusto de manera recíproca ocurría la magia: el match (emparejar).
Ambos emparejados eran notificados de dicho gusto mutuo y lo demás era como lo es ahora: intercambio de correos, entablar comunicación, números de teléfono y llegar a una posible cita cuando se radicaba en la misma ciudad o población.
Aunque también existía la opción de No gustar por medio de un tache y se pasaba al siguiente perfil. Así de fácil. Así de sencillo.
Muchas historias de amor se empezaron a escribir por medio de la red, hasta ser llevadas a la pantalla grande con clásicos del género romántico como “Tienes un e mail” de 1998.
Y otra que nos remonta a la versión no electrónica pero siempre romántica de enviar y recibir cartas… “El Cartero” de 1994. Y así ha sido siempre un intercambio de mensajes que vienen y van directo al corazón.
Y llegamos a la era de los equipos personales de comunicación inmediata también llamados teléfonos móviles o “celulares” como les conocemos en México.
La misma dinámica, pero en lugar de portales o páginas evolucionamos a aplicaciones y si también hay de búsqueda.
El líder en muchos países es Tinder donde al ingresar los datos personales, gustos, ubicación e imágenes, pone a nuestro acceso un catálogo más variado de las personas que no siempre al igual que uno buscan dejar la soltería o conocer nuevos amigos o algo más íntimo.
Los sistemas de geolocalización integrados en los smartphones o “teléfonos inteligentes” permiten ubicar incluso a qué distancia en tiempo real a cierta persona.
Con estas herramientas Cupido ha pasado a ser un desempleado más. Facebook y otras redes sociales permiten este acercamiento y la oportunidad de conocer y hacer nuevos amigos.
Aunque no todo es miel sobre hojuelas estas herramientas tienen también su lado oscuro y han sido ocupado por personas que buscan hacer un mal.
Ya sea conectar personas para delinquir como la trata de blancas o incluso para obtener datos que uno publica en sus perfiles.
Por ello es que muchas plataformas como Facebook limita la edad mínima para sus usuarios y pone a nuestro acceso mecanismos de protección de datos.
Pero como siempre uno no lee las letras chiquitas y terminamos exponiendo nuestros datos a personas que no conocemos.
Por eso hay que tener cuidado cuando subimos nuestra información. Y más cuando nuestros hijos establecen contacto con personas extrañas a su círculo de amistades.
Es nuestra responsabilidad enseñarles que no todo en “la red” es seguro. Hacer conciencia de los peligros.
Y denunciar cuando se es víctima de un delito. En la página de la Policía Cibernética podemos encontrar consejos para proteger nuestros datos.
En Hidalgo para solicitar apoyo u orientación en materia de ciberdelitos y algún curso o capacitación, los interesados deben llamar al 01 800 765 2423, Twitter @SsphCibernetica o al correo ssph.cibernetica@hidalgo.gob.mx; todos los servicios son gratuitos.
Y así llegamos de nuevo al mes del amor con las ilusiones de trascender y dejar un huella como el primer hombre en la luna.
Y llegamos también a celebrar los quince años de una publicación que desde siempre abrió sus puertas a todo aquel que gusta por escribir y comunicar: DeFrente.
Quince años en los que hemos visto evolucionar muchas cosas en nuestra región, estado, país y este complicado mundo.
Hemos visto y vivido grandes cambios y avances, pero no perdemos la oportunidad de conectarnos con el mundo y buscar siempre el sentirnos felices. Solos o con alguien más. Amor hay para todos y viene de muchas formas, tamaños, colores.
Expresar lo que sentimos es muy similar a como lo era al principio de la historia, por ello habemos quienes aún creemos en cuentos de amor eterno y se vale soñar con amores de película o de grandes novelas como la trágica historia de los jóvenes amantes de Verona.
O reír a carcajadas cuando en “12 Corazones” o “Enamorándonos” vemos que ahora es tan fácil decir que No y entendemos por fin a Miguel Mateos cuando decía “Es tan fácil romper un corazón”.
Gracias al equipo y a su fundador Fernando Ávila por mantener siempre las puertas abiertas. Hasta otra entrega amigos lectores de DeFrente -Periodismo para todos los sentidos- Un gusto volver a estar en comunicación.

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