DICIEMBRE 2021: NI CÓMO DECIR «FELIZ FIN DE AÑO».

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Se cumplen tres años de la administración del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

A La mitad del camino, muestra su popularidad y su fuerza con los recursos propios de la ideología asociada a las grandes masas desposeídas.

El principal nutriente de los gobiernos de izquierda en todo el mundo, distintivo de la década de los años ochenta, alimenta al México actual.

En sí mismo, este hecho parece desfasado: un país discordante en un mundo global hiperconectado, aprensivo, con nuevas formas de agresión y serios peligros.

Como en todo, los opositores e inconformes expresan de muchas maneras su rechazo a las cuentas alegres que presenta el gobierno en el casillero donde deben ir los resultados.

Como en todo, los radicales e incondicionales defensores, simpatizantes de la autodenominada “cuarta transformación del país”, alaban sin restricción lo que contiene el balance.

Pero, sobre todo, les alienta a estos el contenido de un mensaje cargado de ansias vengativas.

Las divisiones propias del origen de México, que a lo largo de la historia se han profundizado, hoy vuelven a ser el tema central de la realidad: tenemos un país dividido.

No lo ha dividido el Presidente, ya estaba cuarteado, ya estaba fracturado y fraccionado, siempre lo estuvo y siempre lo estará.

Los gobiernos solamente se colocan de un lado o de otro del puente y soplan a la población que se mece peligrosamente en el medio con el riesgo de caer al vacío.

Termina 2021, el año de la muerte, el año de la desgracia, el año de la sinrazón, el año del desconcierto.

El 17 de noviembre reciente se cumplieron dos años de la aparición del primer caso de SARS CoV-2, el nuevo coronavirus causante del COVID-19.

Diciembre de 2021 ha sido el escenario para la aparición de nuevas variantes, “ómicron” -de origen sudafricano- es la más reciente.

Todavía no se superan las suspicacias sobre el origen de a pandemia y ya hay versiones actualizadas de esta señal de la muerte, que ya está en América y que no tardará en aparecer en nuestro país.

Mientras tanto, las diversas realidades continúan su marcha.

La salud de los mexicanos sigue siendo afectada pro contagios y muertes derivadas del COVID-19, pero no es el único factor.

Una serie de componentes asociados a consumo de alimentos y ausencia de cuidados, especialmente en activación física o control de emociones, genera un incremento escandaloso en la morbilidad y comorbilidad de los mexicanos.

No hemos querido asumir nuestros propios cuidados. La masa ruidosa ha salido en grandes olas a recuperar los espacios comunes y los riesgos ya no le significan nada: mítines, estadios, conciertos…

La economía del país responde a la interdependencia, registra niveles de inflación exorbitantes, al tiempo que para el año siguiente el salario mínimo se ubicará en 22% más de su actual nivel, todo un desafío.

La seguridad atraviesa por el mayor de todos sus riesgos en la historia reciente; culpa o no de los gobiernos neoliberales y de una serie de gobiernos corruptos, México sigue sembrado de muertos que a diario incrementan la estadística del dolor, por todas partes.

No puede creerse que la búsqueda del nuevo índice de felicidad de las personas, de las familias, de la población entera, tenga que travesar por los pasillos del duelo, pero así parece.

Acaba, pues 2021, y ya se anuncia un 2022 lleno de esas sorpresas que desafían a la realidad y a la imaginación. Ni como decir “Feliz Fin de Año”.