Ni bien, ni mal: No hables del cuerpo de los demás.

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Por: LNB Anakaren Cerón Hernández

Para algunas personas es muy difícil comenzar a cambiar hábitos de alimentación o ejercicio y estoy convencida de que, para que el proceso sea más sencillo, es importante querer y aceptar quienes somos, como somos.

A lo largo de la vida, la sociedad se ha encargado de provocar que muchas personas se sientan inseguras e insatisfechas de quienes son, especialmente hablando del cuerpo que tienen.

Es común que, con los amigos, familiares y hasta desconocidos hablemos de la forma del cuerpo de los demás: que si ya subió o bajó de peso, que si se le ve o no la panza; que si está flaco, gordo…

No nos damos cuenta de que estos adjetivos dañan la autoestima y la seguridad de las personas. Imagínate el impacto que tiene en los niños, quienes apenas comienzan a formar su identidad, el escuchar que se refieren a ellos como “gordito” o “panzón”.

Si somos realistas, a nadie le gusta que hablen de su cuerpo; cuántos no nos hemos limitado a ponernos la ropa que nos gusta por miedo a que nos critiquen.

Con este tipo de acciones lo único que reforzamos son los absurdos estándares de belleza que la sociedad dicta y que ha llevado a muchos a vivir insatisfechos e infelices con su cuerpo; provocando baja autoestima, inseguridades e incluso enfermedades como los trastornos de la alimentación.  

Hablar de la forma del cuerpo de los demás da el mensaje de que vivimos muy atentos a esa característica de la persona, y refuerza prejuicios que provocan discriminación y bullying.  

Es impresionante como el bullying en nuestro país ha aumentado, y como desde pequeños los niños tienen un gran vocabulario para referirse a otros niños de cuerpos más grandes; y no podemos pasar por alto que la forma de expresarse de los niños tiene mucho que ver con lo que ven o escuchan en casa.

El cambio comienza con nosotros mismos y hay algunas acciones que podemos comenzar a hacer para que la relación con nuestro cuerpo sea mucho mejor y paremos de juzgar el cuerpo de los demás.

No hables sobre el cuerpo de los demás, ni aunque pienses que es un cumplido y menos cuando algún niño está presente.

No es necesario recordarle a alguien si subió o bajó de peso, esa persona seguramente lo ha notado.

Haz una lista de las cosas que tu cuerpo te permite hacer; eso es más importante que cómo luce.

Identifica lo que más te gusta de ti. No desprecies tu cuerpo frente a tus hijos, ni hables de dietas o pesos; eso les hará pensar que la forma de su cuerpo es más importante que todo lo demás que realicen.

Usa ropa que te guste y que te haga sentir feliz.

Organiza actividades en casa que les permita mantenerse en movimiento.

Valora a los niños por lo que hacen y no por cómo se ven; enséñales a los más pequeños a encontrar valor en el intelecto, sus habilidades y destrezas; más que en la forma del cuerpo.

Haz cumplidos sobre los logros de la persona, enfócate en lo que hace, dice o piensa; más que en cómo se ve.

No hagas comentarios sobre el cuerpo de los niños, aunque pienses que no se dan cuenta ellos están atentos y saben que estás hablando de ellos. Comienza a amar lo que eres y desde ahí será más fácil realizar acciones que te ayuden a cuidar de ti y de los tuyos. Fomentemos una sociedad que haga sentir a los demás seguros, felices y con ganas de sacar su máximo potencial.