La influencia del Chac Mool en el mundo prehispánico

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Mtro. Luis Manuel Gamboa Cabezas

Zona Arqueológica de Tula

 

El Chac Mool se considera una de las esculturas más emblemáticas de la cultura tolteca.  Su nombre, proviene del maya, “Chac” que se relaciona con Chaak, deidad maya que se asocia con el agua y la lluvia; y mool se refiere a un felino que podría ser el jaguar o puma.

El nombre fue propuesto por el viajero Auguste Le Plongeon, quien, en sus excavaciones en Chichén Itzá en la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, se descubrió una de estas esculturas el primero de noviembre de 1975.

Por el nombre nos damos cuenta de que no fue lo correcto para este tipo de escultura, que usualmente se representa como de un personaje humano reclinado hacia su espalda, las piernas encogidas y la cabeza girada, en cuyo vientre descansa un recipiente circular o cuadrado que se considera es un “cuaxcalli”.

Chac, Chaac o Chaak, es el dios de la lluvia para los mayas; para los teotihuacanos sería Tláloc; para los zapotecas Pitao Cocijo; y para la cultura totonaca sería Tajin.

Como dios de la lluvia, se relaciona con el trueno y relámpago, asociado al crecimiento del maíz.

En el área maya, Chac se identifica por su nariz y dos colmillos enrollados que salen de su boca haca abajo, plasmado en esculturas y pinturas de algunos códices que se conservan como el Tro-Cortesiano.

En este último, Chac se representa como un glifo que lleva en la cabeza una faja anudada y tiene un ojo en forma de T.

Este tipo de ojo se ha interpretado como lagrimas que brotan de su ojo, simbolizando lluvia y esto nos lleva a la fertilidad de la superficie para el crecimiento del maíz.

Para los mayas, el dios Chac, se dividía en cuatro dioses que dominaban los puntos geográficos.

En el Este se llamaba Chac Xib Chaac, “El Hombre Rojo”; Al norte se llamaba Sac Xib Chaac, “El Hombre de Blanco”; El del Oeste se llamaba Ek Xib Chaacc, “El Hombre Negro”; y el del Sur se llamaba Kan Xib Chaac, “El Hombre de Amarillo”.

En Tula, se han descubierto varios fragmentos de Chac Mool, que indican una desmitificación de su poder como deidad. Jorge R. Acosta describe con toda precisión como las cabezas se encuentran cercenadas de los cuerpos y estos en ocasiones son usado como parte de los rellenos constructivos de etapas aztecas.

Sólo basta recordar el fragmento de Chac Mool descubierto como parte del relleno en la Sala 1 del Palacio Quemado.

Desde la perspectiva de Jorge R. Acosta, considera que esta escultura formaba parte de la parte superior del Edificio B y que rodo con el tiempo para depositarse en el lugar del descubrimiento, esto no explica donde se encuentran las demás partes.

Por lo que es más probable que se usara como relleno constructivo de etapas prehispánicas más modernas.

Esta situación de Chac Mool mutilados se repitió en el gran Vestíbulo del Edificio C, ya que entre los escombros se descubrió otra escultura que carecía de la cabeza.

En sus manos sujeta una placa cuadrangular y como vestuario usa sólo una faldilla sostenida por ancho cinturón.

Sobre el pecho puede verse un collar múltiple. En el brazo izquierdo, porta un brazalete del que penden cinco plumas.

Lleva, además, pulseras en ambas manos – ajorcas en las piernas y calza cacles. Sobre el hombro hay algo del cabello, lo que indica que el rostro del personaje estaba mirando hacia el izquierdo.

Jorge R. Acosta, también propone que esta escultura rodo desde la cima de la Pirámide C y que fue colocado en el lugar de su hallazgo.

Un tercer Chac Mool se descubrió en la equina noroeste de la Pirámide C y el pequeño altar que corresponde a época azteca.

El Chac Mool, también estaba cercenado de su cabeza, solo se contó con el tórax del personaje y se sugiere que estuvo en la cima de la Pirámide C, la cual cayo una vez a la destrucción de su templo.

Desde la perspectiva de Jorge R. Acosta, observa que hay una relación con rasgos culturales que se han descubierto en Chichen Itzá, pero a la vez, para el caso de Tula, se consideran que no se relacionan con alguna deidad importantes, sino que son esculturas religiosas ornamentales de los edificios.

Lo anterior lo dedujo por que se presupone que las esculturas estaban en la cima de los templos y ocupaban la parte central para la realización de las ceremonias.

El único Chac Mool completo en Tula, fue descubierto por Jorge R. Acosta cerca del muro norte, en la Sala 2, del Palacio Quemado.

El Chac Mool, logro conservarse por la construcción de un basamento de época azteca, que perímete señalar que, durante la obra, ya estaba colapsado la techumbre que callo por encima de la escultura, sepultándolo hasta su excavación arqueológica por 1956.

Jorge R. Acosta, decidió hacer una excavación por debajo del Chac Mool, descubriendo placas de jade y turquesa que formaban parte de un disco.

Entre el Chac Mool y el disco de turquesa se haba descubierto previamente una placa de figurilla de piedra verde, cuentas diminutas y dos caracoles (Oliva Porphira Linn).

En la misma Sala Dos se reporta un segundo Chac Mool fue estaba roto en tres pedazos y decapitado, solo que, la cabeza se descubrió en la misma sala a una distancia de veinte metros del cuerpo.

En total, Jorge R. Acosta hace mención de por lo menos seis Chac Mool, que adornaban los templos de la Pirámide B y C, con excepción de los descubiertos en la Sal 2 del Palacio Quemado.

Esto nos lleva efectivamente a proponer que como parte de la identidad de los toltecas se encontraba la escultura del Chac Mool, la cual trascendió a través del espacio y tiempo.

Los mayas de Yucatán, lo retomaron y lo insertaron como un elemento más a su arquitectura; y en otras culturas el Chac Mool, formo también parte de una tradición en relación al culto del agua, el trueno, la lluvia y el rayo.

Durante el Postclásico Tardío, los mexicas se trasladaron hasta Tula para recuperar reliquias y ser llevadas al Templo Mayor, una de estas el descubierto en la Casa del Apartado en la ciudad de Mexico. No hay duda que su estilo escultórico e iconográfico es de la cultura tolteca; pero también podemos hacer notar, como fue expresado por el arqueólogo Leonardo Luján y otros, que también hay practicas aditivas donde lo que se pretende es incorporar a la arquitectura de nuevos elementos recreando o reproduciendo algo sobre el pasado.

Por lo tanto, concluimos que el Chac Mool, es un elemento panmesoamericanos tolteca que trascendió en el tiempo y espacio.

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